Andar sin prisa, sentir el suelo
Coloca la atención en la planta del pie, percibe texturas, inclinaciones y sombras. Permite que el paso se haga más redondo, que el vaivén de brazos libere hombros y cuello. Cuando la mente se adelante, vuelve al contacto con la tierra. Así, minuto a minuto, emerge una calma firme, respirable, que permanece contigo mucho después de regresar a casa.